CLERO / OBJETIVOS

En la Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios se encuentra la Dimensión Episcopal para el Clero

Las Comisiones y Departamentos Episcopales son organismos, con carácter permanente o transitorio, de animación, promoción, coordinación y desarrollo pastoral al servicio de las Regiones Pastorales y de las diócesis.

Las Comisiones y Departamentos Episcopales se componen de un Obispo Presidente, elegido por la Asamblea y de algunos Obispos que éste debe invitar. El Presidente nombrará a un Secretario Ejecutivo después de haberlo consultado con los demás Obispos de la Comisión o Departamento.

(Estatutos arts. 33 y 34)

La Dimensión Episcopal para el Clero anima, promueve, coordina y desarrolla lo referente a la formación permanente del clero es cuatro dimensiones:

  • a) Humana
  • b) Espiritual
  • c) Intelectual
  • d) Pastoral

Ofrecemos una selección de textos que fundamentan la identidad de esta Dimensión.
Formación permanente: selección de textos (*)

a) La formación permanente ¿sigue siendo necesaria en nuestros días?

"En una época como la nuestra, tan 'policéntrica' e inclinada a atenuar todo tipo de concepción que afirme una identidad, que muchos consideran contraria a la libertad y a la democracia, es importante tener muy clara la peculiaridad teológica del ministerio ordenado para no caer en la tentación de reducirlo a las categorías culturales dominantes.

En un contexto de secularización generalizada, que excluye progresivamente a Dios del ámbito público, y tiende a excluirlo también de la conciencia social compartida, con frecuencia el sacerdote parece 'extraño' al sentir común, precisamente por los aspectos más fundamentales de su ministerio, como los de ser un hombre de lo sagrado, tomado del mundo para interceder en favor del mundo, y constituido en esa misión por Dios y no por los hombres (cfr. Hb 5, 1).

Por este motivo es importante superar peligrosos 'reduccionismos' que, en los decenios pasados, utilizando categorías más funcionales que ontológicas, han presentado al sacerdote casi como a un 'agente social', con el riesgo de traicionar incluso el sacerdocio de Cristo. La hermenéutica de la continuidad se revela cada vez más urgente para comprender de modo adecuado los textos del concilio ecuménico Vaticano II y, análogamente, resulta necesaria una hermenéutica que podríamos definir 'de la continuidad sacerdotal', la cual, partiendo de Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, y pasando por los dos mil años de la historia de grandeza y de santidad, de cultura y de piedad, que el sacerdocio ha escrito en el mundo, ha de llegar hasta nuestros días"

(BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregación para el Clero, 12-III-2010).

"Están aún muy presentes las causas de 'desierto espiritual' que afligen a la humanidad de nuestro tiempo y, consiguientemente, minan también a la Iglesia que vive en esta humanidad. ¿Cómo no temer que puedan acechar también la vida de los sacerdotes? Por tanto, es indispensable volver siempre de nuevo a la raíz de nuestro sacerdocio. Como bien sabemos, esta raíz es una sola: Jesucristo nuestro Señor. Él es el enviado del Padre, él es la piedra angular (cfr. 1P 2, 7)"

(BENEDICTO XVI, Discurso a los presbíteros y diáconos de la Diócesis de Roma, 13-V-2005).

b) ¿Por qué la formación permanente?

"El misterio del sacerdocio de la Iglesia radica en el hecho de que nosotros, seres humanos miserables, en virtud del Sacramento podemos hablar con su 'yo': in persona Christi. Jesucristo quiere ejercer su sacerdocio por medio de nosotros. Este conmovedor misterio, que en cada celebración del Sacramento nos vuelve a impresionar, lo recordamos de modo particular en el Jueves santo. Para que la rutina diaria no estropee algo tan grande y misterioso, necesitamos ese recuerdo específico, necesitamos volver al momento en que él nos impuso sus manos y nos hizo partícipes de este misterio"

(BENEDICTO XVI, Homilía Jueves Santo - Santa Misa Crismal, Basílica de San Pedro, 13-IV-2006).

c) ¿Cuál es el fundamento?

"Ya no os llamo siervos, sino amigos'. Este es el significado profundo del ser sacerdote: llegar a ser amigo de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada día de nuevo. Amistad significa comunión de pensamiento y de voluntad. En esta comunión de pensamiento con Jesús debemos ejercitarnos, como nos dice san Pablo en la carta a los Filipenses (cfr. Flp 2, 2-5). Y esta comunión de pensamiento no es algo meramente intelectual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar. Eso significa que debemos conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con él, estando con él"

(BENEDICTO XVI, Homilía Jueves Santo - Santa Misa Crismal, 13-IV-2006).

d) ¿Cuál es el marco y punto de partida?

"Hoy se experimenta la necesidad de que los sacerdotes den testimonio de la misericordia infinita de Dios con una vida totalmente 'conquistada' por Cristo, y aprendan esto desde los años de su formación en los seminarios. El Papa Juan Pablo II, después del Sínodo de 1990, publicó la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis, en la que retoma y actualiza las normas del Concilio de Trento y subraya sobre todo la necesaria continuidad entre el momento inicial y el permanente de la formación; para él, como para nosotros, es un verdadero punto de partida e igualmente es el punto fundamental para que la 'nueva evangelización' no sea sólo un eslogan atractivo, sino que se traduzca en realidad"

(BENEDICTO XVI, Audiencia General, 19-VIII-2009).

e) Objetivo: recordar y revivir la llamada

¿Quién es el sacerdote?
"El tema de la identidad sacerdotal, objeto de vuestra primera jornada de estudio es determinante para el ejercicio del sacerdocio ministerial en el presente y en el futuro"

(BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en el Congreso organizado por la Congregación para el Clero, 12-III-2010).

¿Qué relación existe entre el ser y el hacer del sacerdote?
"En verdad, precisamente considerando el binomio 'identidad-misión', cada sacerdote puede advertir mejor la necesidad de la progresiva identificación con Cristo, que le garantiza la fidelidad y la fecundidad del testimonio evangélico [...] Cuando no se tiene en cuenta el 'díptico' consagración-misión, resulta verdaderamente difícil comprender la identidad del presbítero y de su ministerio en la Iglesia"

(BENEDICTO XVI, Audiencia General, 1-VII-2009).

"En Jesús, Persona y Misión tienden a coincidir: toda su obra salvífica era y es expresión de su 'Yo filial', que está ante el Padre, desde toda la eternidad, en actitud de amorosa sumisión a su voluntad. De modo análogo y con toda humildad, también el sacerdote debe aspirar a esta identificación. Aunque no se puede olvidar que la eficacia sustancial del ministerio no depende de la santidad del ministro, tampoco se puede dejar de lado la extraordinaria fecundidad que se deriva de la confluencia de la santidad objetiva del ministerio con la subjetiva del ministro"

(BENEDICTO XVI, Carta convocando un año sacerdotal con ocasión del 150º aniversario del "dies natalis" del Santo Cura de Ars, 16-VI-2009).

"Ante todo, en nuestro interior debemos vivir la relación con Cristo y, por medio de él, con el Padre; sólo entonces podemos comprender verdaderamente a los hombres, sólo a la luz de Dios se comprende la profundidad del hombre; entonces quien nos escucha se da cuenta de que no hablamos de nosotros, de algo, sino del verdadero Pastor"

(BENEDICTO XVI, Homilía con ocasión de las ordenaciones sacerdotales, 7-V-2006).

f) Formar en la fidelidad

"Permitidme que os abra mi corazón para deciros que la principal preocupación de cada cristiano, especialmente de la persona consagrada y del ministro del Altar, debe ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor. La fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor; de un amor coherente, verdadero y profundo a Cristo Sacerdote"

(BENEDICTO XVI, Discurso en la celebración de las Vísperas, Fátima, 12-V-2010).

"Hacerse sacerdote y serlo sigue siendo un acercamiento hacia esta identificación [con Cristo]. Nunca acabaremos de alcanzarla, pero si la buscamos, estamos en el buen camino: el camino que lleva a Dios y al hombre, el camino del amor. Con esta vara hay que medir siempre la preparación para el sacerdocio"

(J. RATZINGER, Un canto nuevo para el Señor, Ediciones Sígueme, Salamanca 2005, p. 204)."

"¡Sí!, El sacerdote es un hombre todo del Señor, puesto que es Dios mismo quien lo llama y lo constituye en su servicio apostólico. Y precisamente por ser todo del Señor, es todo de los hombres, para los hombres"

(BENEDICTO XVI, Audiencia General, 1-VII-2009).

(*) Texto preparado por el Pbro. Juan José Silvestre